La diarrea vírica bovina (BVD) es una enfermedad infectocontagiosa de los bovinos causada por un pestivirus (BVDV), responsable de cuadros clínicos diversos y de cuantiosos daños económicos en las explotaciones de vacas reproductoras.

El control del BVD en el ámbito ganadero se basa en la elaboración, por parte del profesional veterinario, de un protocolo de actuación consensuado con el ganadero. Aunque las estrategias pueden variar en función de las particularidades del negocio, siempre hay un camino común indispensable para el éxito: la identificación y eliminación de los animales persistentemente infectados (PI).

En este sentido, y con el fin de evitar el nacimiento de nuevos animales PI, cabe destacar el papel fundamental de las vacunas que proporcionan protección fetal, es decir, aquellas capaces de impedir el paso del virus a través de la placenta y, por tanto, el nacimiento de nuevos terneros PI. Esto resulta fundamental, ya que los PI son la principal fuente de entrada y circulación del virus en el rebaño debido al fenómeno de inmunotolerancia fetal (los PI no reconocen al virus BVD como extraño y, por ello, no desarrollan respuesta inmune frente a él, eliminando grandísimas cantidades de virus). El uso correcto de las vacunas con protección fetal reduce sensiblemente el tiempo de erradicación, además de garantizar una mayor protección de los rebaños libres de virus dentro de los territorios infectados.

Otro principio común a los distintos protocolos de erradicación son los protocolos de monitorización serológica. Dado que las investigaciones serológicas se ven influidas por las vacunaciones llevadas a cabo en la explotación, la correcta interpretación de los resultados requiere conocer la situación e historial vacunal del rebaño. No obstante, en ausencia de vacunas capaces de distinguir de modo absoluto el animal infectado del vacunado (marker), el veterinario tiene también la posibilidad de optar por la utilización de vacunas que positivizan a animales negativos únicamente después de vacunaciones repetidas. De esta manera, mediante el control de los animales jóvenes (8-20 meses) es posible conocer la situación del rebaño a través de técnicas analíticas económicas y sensibles, como el ELISA anticuerpos (ELISA Ac) anti-p80 NS2-3.

La detección de los animales PI, la correcta monitorización serológica, el respeto de las normas de bioseguridad y el uso regular de vacunas que reduzcan los síntomas clínicos de la enfermedad e impidan el nacimiento de animales PI, son los puntos fundamentales de un correcto plan de control de la enfermedad.

BIBLIOGRAFÍA:

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https://www.msd-animal-health.es/wp-content/uploads/sites/20/2020/07/Bovilis-BVD-SPC-140720.pdf

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