La veterinaria de grandes animales ha evolucionado en gran medida a lo largo de los últimos tiempos. Así, Radostits describía cuatro fases a lo largo del siglo pasado. La primera, entre finales del siglo XIX y principios del XX, con foco en la erradicación de las principales enfermedades infecciosas que tenían bien un gran impacto en la salud pública, como la brucelosis o la tuberculosis, o bien efectos devastadores para el ganado, como la peste bovina.

Papel veterinario futuro granjas vacuno de leche

Posteriormente, en los años 40 la gran importancia del mundo rural en la producción de alimentos hizo que los animales de producción pasaran a ser de suma relevancia. Este hecho, unido a la aparición y uso veterinario de los antibióticos, revolucionó el tratamiento individual de distintas enfermedades y permitió la práctica rutinaria de cirugías, como la cesárea, con gran éxito. La profesión pasó entonces a centrarse en el tratamiento del animal individual, jugando el veterinario el papel que ahora definiríamos como “apagafuegos”.

Sin embargo, a finales de los años 60 se inicia una tercera fase al descubrir la presencia de la enfermedad subclínica asociada a parásitos, reproducción o mastitis y su efecto limitante sobre la productividad. Como consecuencia, se inician los programas de prevención enfocados al control de parásitos, infertilidad o mastitis.

Y es ya en los años 80 cuando la veterinaria bovina sufre una verdadera revolución con el inicio de un nuevo concepto: “la medicina de la producción”. A partir de entonces, comenzamos a trabajar con datos para analizar los resultados a nivel de rebaño. Se inician los programas con visitas periódicas de reproducción, pasando de la vaca individual a los programas sistemáticos para prevenir el fallo reproductivo y comenzando a utilizar distintos índices para el análisis de resultados y toma de decisiones en granja. A esta nueva sistemática de trabajo se incorporaron después otras disciplinas como la nutrición, el control de mastitis o la podología.

¿Y qué ha ocurrido en este último siglo? ¿Dónde nos encontramos ahora?

En la actualidad en las granjas contamos con distintos veterinarios o roles: el clínico, el ADS, el de reproducción, el podólogo, el nutrólogo.

Y dentro de ellos, algunos veterinarios despuntan por dar un paso más allá involucrándose en las granjas con un papel más integral como asesores. Estos veterinarios ya no solo trabajan con los animales, sino que además asesoran al ganadero en la toma de decisiones eficientes y eficaces, que no se focalizan únicamente en los problemas puntuales del día a día, sino en cómo lograr mejores resultados futuros.

Además, han aparecido nuevos roles al pasar de centrarnos solo en las vacas a trabajar también con las personas, instalaciones y costes asesorando en gestión, formación del personal, diseño de instalaciones o manejo de la recría.

Vacuno de leche

Este nuevo papel de veterinario asesor es muy valorado por el ganadero al permitir anticiparse a los problemas, jugando la prevención un papel clave a la hora de establecer las distintas recomendaciones. Sin embargo, no podemos olvidar que la medicina individual sigue siendo todavía una pata fundamental en el día a día de la granja, siendo además vital en muchos casos para llegar a un correcto diagnóstico y, con ello, a una correcta toma de decisiones a nivel de rebaño.

En paralelo, las granjas han ido incrementando su censo pasando muchas de ellas de ser pequeñas explotaciones a granjas medias (de 100 a 300 vacas) o grandes (de más de 500 vacas). Este hecho incrementa por sí solo el riesgo de circulación de patógenos, al tiempo que dificulta el diagnóstico individual y con ello aumenta la importancia de instaurar planes de prevención completos y eficaces. Además, a mayor tamaño de explotación, la toma de decisiones pasa a ser más técnica, buscando cada día más una mayor eficiencia. A este respecto, la evolución de la epidemiología, tanto para cuantificar la importancia económica de las distintas enfermedades como la importancia relativa de las distintas medidas de control, nos proporciona una herramienta interesante a la hora de trabajar en prevención y decidir el plan vacunal que es más recomendable para el rebaño.

Enfermedades ganado vacuno de leche

Estos estudios son especialmente interesantes en las enfermedades causadas por patógenos presentes en todas las granjas, como muchos de los agentes causantes de la mastitis o la neumonía en las terneras, y que afectan por ello a todas las granjas en mayor o menor medida. Si tomamos como ejemplo la neumonía en las terneras, distintos trabajos han evidenciado cómo el impacto no solo está en el corto plazo asociado a los tratamientos y bajas, sino también en el largo plazo al incrementar el riesgo de ser eliminada precozmente y reducir la producción láctea en la primera lactación (Dunn et al., 2018; Bach, 2011; Stanton et al., 2012). También distintos modelos económicos han puesto de manifiesto el interés de establecer planes de control frente a enfermedades, como el IBR o el BVD, que sí pueden ser erradicadas en los rebaños mediante la instauración de adecuadas pautas de bioseguridad y vacunación.

Más recientemente, la importancia creciente del bienestar animal y la restricción en el uso de antibióticos nos lleva sin duda hacia una nueva fase en la que trabajar y que cada día cobra mayor importancia: la prevención, donde se incluye la vacunación. Estas medidas persiguen evitar o minimizar las distintas enfermedades, tanto en su forma clínica como subclínica, con el consiguiente beneficio económico. Además, de forma indirecta, al reducir los animales enfermos, mejora el bienestar animal y se reduce la necesidad del uso de antibióticos en la granja. Lo que sería comparable al efecto del “Reduce” de las 3 “Rs” del reciclaje (Reduce-Reutiliza-Recicla), cuyo impacto es muy superior al del clásico “Recicla”. De hecho, aunque frecuentemente ponemos el foco del buen uso de antibióticos en qué antibiótico concreto aplicamos una vez tenemos un animal enfermo, en realidad las medidas encaminadas a reducir el número de animales enfermos, como la vacunación, tendrán mucho más impacto para un buen uso de antibióticos. Como ejemplo, en un estudio realizado en Holanda en el que se evaluó el porcentaje de terneros tratados por neumonía en función de si la granja vacunaba o no a las terneras, vieron cómo el porcentaje de granjas que trataba a más del 20% de los terneros por neumonía, se reducía del 84% al 26% al implementar la vacunación semestral con Bovilis® Bovipast RSP (Willie et al., 2019).

Además, trabajar en prevención tiene otro valor adicional no siempre tomado en consideración, al que podríamos denominar “bienestar ganadero/ veterinario”. Y es que trabajar en prevención reduce en gran medida el tiempo extra destinado a trabajos no programados como urgencias, el tiempo destinado a tratamientos, etc. Esto nos dará un plus de tranquilidad, que puede ser muy valioso, no solo por la parte emocional sino porque, además, al trabajar de forma más organizada, en lugar de ir apagando fuegos allá donde surgen, nos permitirá destinar más tiempo y esfuerzo a otras tareas mucho más rentables del negocio.

BIBLIOGRAFÍA:

Bach A (2011) Associations between several aspects of heifer development and dairy cow survivability to second lactation. J. Dairy Sci. 94: 1052–1057.

Stanton AL, Kelton DF, LeBlanc SJ, Wormuth J, Leslie KE (2012) The effect of respiratory disease and a preventative antibiotic treatment on growth, survival, age at first calving, and milk production of dairy heifers. J. Dairy Sci. 95:4950–4960.

Dunn TR, Ollivett TL, Renaud DL, Leslie KE, LeBlanc SJ, Duffield TF, Kelton DF (2018). The effect of lung consolidation, as determined by ultrasonography, on first lactation milk production in Holstein dairy calves. J. Dairy Sci. 101:5404–5410.

Willie, GB, Kujik H, Vertenten G (2019) BRD vaccination reduces strongly the use of antibiotics in Dutch dairy calves. European Bovine Congress, Holanda

Autor